martes, diciembre 22, 2009

Carta a los Reyes Magos

“Melchor, Gaspar y Baltasar. ¿Por qué no he de creerlo, hijo? Un amigo mio les pidió la luna reflejada en un charco y se la han traido.”

Así comienza la “Carta del abuelo a los Reyes Magos” escrita por Juan Farias y que marcó un antes y un después en la escritura de cartas a los Reyes Magos en mi aula.

La carta es un tipo de texto que ha perdido su sentido tal y cómo la conocíamos hace unas décadas. Ya solamente recibimos cartas de bancos, del ayuntamiento o de algún otro organismo oficial.

Pocas personas quedan aún que escriban cartas a las amistades, a los amores, a la familia, y digo pocas, porque yo conozco a una, mi hermana Ana, que sigue manteniendo esa costumbre de plasmar en un papel sentimientos, emociones, alegrías y tristezas para que alguien lejano se sienta más cerca de ella.

Ahora ese tipo de comunicación ha tomado otros formatos más rápidos el correo electrónico, el chat, el teléfono móvil. Hemos ganado en rapidez a la hora de comunicarnos, aunque creo que hemos perdido en el camino la calidez de un momento reposado de encuentro con el alma de la persona a la que queremos.

Pero hay una carta que no hemos dejado de escribir en las escuelas y a la que le ponemos un montón de ilusión cada año: la carta a los Reyes Magos.

Es además una actividad que podemos convertir en un pequeño “gran proyecto de trabajo” y sacarle mucho partido educativo.

Os cuento como lo planificamos nosotras:

En nuestra biblioteca de aula había buena colección cartas fotocopiadas de otros años escritas por otras niñas y niños de diferentes edades.

La primera actividad consiste en formar parejas para trabajar y repartirles varias cartas a cada una para hacer un listado de “todas las cosas que tiene una carta” y que después no nos podrán faltar a la hora de escribir la nuestra. Ese listado se escribe en un papel continuo donde vamos a ir conservando todas las fases del proyecto. Así aparece un listado de saludos, un listado de despedidas, listados de regalos, etc. También encontramos en las cartas signos de puntuación y podemos analizar cuándo y cómo usarlos.

Para elegir los juguetes hemos hecho todo un trabajo de búsqueda en diferentes catálogos comerciales, análisis de precios y algunos años incluso hemos aprovechado para trabajar el anuncio publicitario en televisión.

Nos han salido contenidos de lengua, matemáticas, conocimiento del medio, coeducación, educación para el consumo, artística...

Y al final de leer muchos modelos de cartas y reflexionar sobre como hacerlo muy muy bien, toca escribir la nuestra. Una vez escrita, sabemos que un buen escritor pocas veces se queda con el primer texto, que siempre es mejorable, así que pasamos a hacer varios tipos de mejoras. Una lectura en voz alta al grupo para que nos de “consejos para que quede mejor”, una lectura en parejas para analizar si está bien escrita o hay palabras que no lo están y por último, la maestra o personas que consideremos que saben un poco más que nosotros sobre escritura pueden ayudar a hacer una última corrección para asegurarnos de que no hay ni una sola falta de ortografía.

Después de varios borradores nuestra carta estará lista para pasarla a limpio y enviarla a sus Majestades de Oriente.

Y ahora vuelvo al principio, hace algunos años pasó a engrosar nuestra biblioteca de aula la “Carta del abuelo a los Reyes Magos” y ahí surgió un trabajo de otro tipo, pensar en otro tipo de regalos, pedir para otras personas en nuestra carta y tuvimos que investigar sobre los sentimientos, las emociones, las carencias, lo que nos hace de verdad felices, las cosas importantes de la vida..., y se amplió nuestro vocabulario con palabras que no se ven, que se sienten, que se regalan y de repente se elevó enormemente la calidad literaria de nuestras cartas.