domingo, agosto 23, 2015

Deberes




De esta entrada tiene "la culpa" Aida Ivars que me pregunta en facebook  qué pienso yo de los deberes.
Son muchas las veces que en las redes sociales aparecen entradas, frases, párrafos o comentarios en contra de los deberes escolares, siempre suelo "retuitear" o dar a "me gusta" tomando partido por quienes defienden que las tareas escolares no deben salir de la escuela.
Pero no soy del todo sincera, sobre todo porque yo siempre he mandado "deberes" a mi alumnado.
Después de la pregunta de Aida y sobre todo, después de leer los diferentes comentarios que ese debate propiciaba, me pareció, que contestar de manera seria a esa pregunta requería un poco más de detenimiento y por eso, me encuentro aquí intentando explicar "lo que pienso yo de los deberes", agradeciendo a mi amiga internauta que se  interese por mi opinión en este tema.
No es tan sencillo como parece, si bien hay estudios que demuestran que no son útiles, hay otros que demuestran como en ciertos casos lo son. 
Para empezar, es importante cuando hablamos de tareas escolares para casa, tener claro que estamos hablando todos de la misma cosa, por supuesto si hablamos de retahilas de ejercicios del libro de texto, listados interminables de operaciones matemáticas, lecturas compresivas aburridas y llenas de preguntas tontas y cosas de ese estilo, NO estoy de acuerdo con los deberes para casa. 
Claro que tampoco me gusta el tipo de escuela que manda esos deberes.
Además pienso que lo que se haga en casa, nunca debe ser obligatorio, determinar lo que hacemos en clase, o la nota que ponemos al alumnado.
Pero reconozco que me parece interesante conseguir que cuando nuestros niños o niñas salgan de la escuela sigan buscando modos de aprender.
Yo nunca he hecho con mi alumnado actual un proyecto sobre prehistoria, ni sobre fósiles, ni sobre rocas, pero de repente un día en el recreo, veo dos "cominos de siete años" con una piedra en la mano que dicen:
- Yo creo que esto es un fósil.
- Yo no sé, aunque por aquí si parece que se ve una concha.
- Sí, sí, es un fósil seguro, lo que ya no sé muy bien es si es del Jurásico o del Cretáceo.
Me emocionan esas conversaciones y cuando las capto, me entran ganas de achucharlos y comérmelos a besos.
Eso no lo han aprendido en la escuela, ¡¡¡¡lo han aprendido en casa!!!! y ¡han disfrutado aprendiéndolo en casa!
Me encantaría conseguir que todas y cada una de las personillas que están en mi clase encontraran el disfrute en el aprendizaje, fuera de la escuela.
Hay familias que no necesitan ningún tipo de ayuda para conseguir hijas e hijos interesados por descubrir el mundo, pero hay otras que no pueden o no saben y si les das pistas sin agobiarlos, mi experiencia me dice que lo agradecen y a veces hasta disfrutan con ellos.
Al empezar he dicho que yo mando trabajo para casa a mi alumnado, no todos los días, pero un par de días en semana, a veces uno, a veces tres, raras veces ninguno.
Al empezar el curso, estas son algunas de las cosas que les digo a las familias que me parecen importantes y que yo considero "deberes o tareas":
  • Dedicar unos minutos a hablar sobre qué han hecho en el cole, cómo les ha ido, qué han aprendido, lo más divertido, lo más triste..., podemos hacerlo mientras preparamos la merienda, los llevamos con nosotros de compras, ponemos la lavadora o los llevamos al parque, pero debemos hacerles ver que nos interesa lo que hacen en la escuela.
  • Leerles en voz alta, comentar el libro que se llevaron de la biblioteca, contarles sobre lo que nosotros leemos, ayudarles a encontrar libros no solo de literatura, sino también de divulgación científica sobre temas que les interesen.
  • También me gusta hacerles ver momentos en los que podemos trabajar con ellos las matemáticas: las compras, los precios, de las cosas, las vueltas de la compra, las horas del reloj, el tiempo que tardamos con el coche en ir a cualquier sitio, los Km. que recorremos..., en definitiva, significa hacernos conscientes de que no necesitamos lápiz y papel, pero son buenos motivos de conversación con nuestras hijas e hijos que mejoran su aprendizaje de forma muy cotidiana y rutinaria, conversaciones mientras comemos, viajamos, nos vestimos, compramos, esperamos en la consulta del pediatra..., conversaciones que van más allá del "estate quieto" "no grites" "deja eso" o de darle "el móvil para que deje de dar la lata".
También pedimos para los proyectos que ponemos en marcha que recojan información en casa y cada cual trae lo que tiene, libros, revistas, casi siempre información de internet. No todos traen, pero no importa, porque es un material común del que todos nos enriquecemos.
Ahora lo tengo fácil, porque en mi cole actual, las familias están muy interesadas por el aprendizaje de sus hijos y por colaborar con el colegio en general, pero, no siempre ha sido así, he pasado casi veinte años de docente en un cole donde el nivel sociocultural del alumnado era bajo y donde las familias tenían demasiado trabajo y poco tiempo o recursos para "tareas escolares" y aún así, siempre he pensado que ese pequeño contacto con la escuela había que conseguirlo de alguna manera.
Os cuento algunas anécdotas que me parecen muy ilustrativas de lo que digo:
El periódico: Cada día por orden de lista un niño o niña de la clase se llevaba "mi periódico del día anterior" a casa y tenía que buscar una noticia para compartir con el resto de la clase al día siguiente. Era muy interesante como en el caso del alumnado inmigrante, a veces venían noticias en las que estaba clara "la mano de un adulto" y que nos servían para hablar de temas sociales muy interesantes para nuestro crecimiento personal y sé que en algunas casas la llegada del periódico se recibía con muchas ganas.
El préstamo de libros: Un día un alumno de cultura gitana, me dice si puede llevarse dos libros porque a su padre le gustan de unos y a él le gustan de otros.
La petición de búsqueda de información: Una niña de Senegal me llega con un libro de la biblioteca municipal sobre el tema de nuestro proyecto. Había convencido a su hermano mayor para que la acompañara a sacar el carnet de la biblioteca porque ella quería aportar un libro y me pidió que le avisara cuando se acabara el plazo para devolverlo a tiempo.
Son tres ejemplos que me parece que dan sentido a los deberes, a esa relación casa - escuela que es imprescindible y a ese camino hacia el aprendizaje autónomo y para toda la vida que tan necesario es en nuestra sociedad actual.
Deberes que no impiden que las niñas y niños jueguen, sean felices, disfruten de la familia, porque no nos engañemos, muchas veces el tiempo de "no deberes" no se dedica al juego en nuestros hogares, sino que se dedica a programas poco recomendables de la tele o juegos poco educativos en los aparatos electrónicos.
Yo también reivindico el juego, pero no solo en casa, también en la escuela, que jugar y aprender no son antónimos.
Por eso, tengo que decir que yo si creo en esos deberes que ayudan a crear pautas de aprendizaje autónomo y lazos sanos familia-escuela, que son voluntarios, pero que suponen un reto que la mayoría de las veces consigue engancharlos, que están en función del contexto y que no agobian a nadie.



2 comentarios:

Aida Ivars dijo...

¡Ay Carmen! Querida Carmen... Eres una persona extraordinaria. A lo que tú llamas deberes yo llamaría una buena práctica docente. Pero no, esos no son deberes. Hablas literalmente de: " ...esos deberes que ayudan a crear pautas de aprendizaje autónomo y lazos sanos familia-escuela, que son voluntarios, pero que suponen un reto que la mayoría de las veces consigue engancharlos, que están en función del contexto y que no agobian a nadie." Si son voluntarios, no son deberes. La escuela debería siempre crear y crearse con esos lazos con las familias. La familia que escribió el texto de la imagen que compartí en Facebook sí se sentía agobiada, y mucho. Y por eso se sienten como deberes y no como placeres: por que son injustos e innecesarios. Por desgracia la mayor parte del profesorado no es como tú: justa, equilibrada, sensible y atenta. A la mayoría esta conversación le resbala, o incluso le molesta. Porque quieren seguir haciendo lo que hacían, sea mejor o peor para los niños. Ellos cobran igual y no quieren tener que trabajar más. Para ellos cualquier cambio supone más trabajo.

Desde el corazón, gracias por compartir tu opinión sobre este tema. Gracias por ser tan buena docente y compañera.

Carmen Cañabate dijo...

Ya imagino que los deberes que indignan son los otros y espero que consigamos que vayan desapareciendo.
Aunque últimamente hay un resurgir de esas tareas sin sentido y yo creo que parte de la culpa la tiene la fiebre de "evaluaciones externas" que presionan sobre el profesorado que a su vez presiona sobre el alumnado.
Un círculo vicioso y sin sentido que solo perjudica a nuestras chicas y chicos.