lunes, julio 18, 2016

Enseñar a pensar







Me encantó esta pequeña entrevista en YouTube porque expresa una realidad de nuestros centros: Dedicamos muy poco tiempo para que nuestras niñas y niños se expresen.
Poco tiempo para saber que piensan, que sienten, que saben... 
Eso nos aleja de la realidad del aula y de la realidad de nuestro alumnado y es causa en muchas ocasiones de la frustración que sufre el profesorado.
Porque ponemos la mirada solo en lo que "queremos que sepan" y en "cómo queremos que lo sepan" pero si ampliamos la mirada y les damos la oportunidad veremos que tienen razonamientos y llegan a conclusiones muchos más elevadas de lo que podemos esperar y además nos dará pistas de por donde debemos transitar para que sigan aprendiendo.
Recuerdo que una amiga me decía que al comentarle a una compañera que en mi clase las niñas y niños de primero habían sido capaces de hacer porcentajes le decía: "eso es mentira". Pero no lo es , solo necesitamos abrir la mente, el tiempo y el espacio para que encuentren soluciones por caminos diferentes "al camino" que ya hemos decidido como único.
Debemos como dice Olga Grau en la entrevista cambiar nuestro pensamiento y no prejuzgar, intentar entender el porqué piensan como piensan. Yo como ella recuerdo una anécdota relacionada con el sol:
"Hace años con un primero de primaria recuerdo que alguien en clase preguntó porque la tierra daba vueltas alrededor del sol siempre y "no se iba", una pequeñaja contestó rápidamente "Porque está atada al sol". Yo le pregunté que como lo sabía y ella rápidamente me contestó que los rayos del sol servían para sujetar a los planetas y que no se escaparan"
Dejar que opinen sobre las cosas puede ser muy divertido, pero también muy aleccionador para quienes estamos encargados de buscar modos de que aprendan, por eso no hay que tener miedo de "perder el tiempo" en escuchar que piensan.
Las niñas y niños desde pequeñajos son un mar de preguntas y deberíamos ser conscientes que animarles por ese camino, es el mejor modo de que mantengan la pasión por el aprendizaje.
Pero para eso debemos admitir que el saber es algo demasiado amplio y que no se reduce a unos pocos contenidos escritos en los libros de texto.
El ABP es uno de los modos de permitir que el alumnado se cuestione cosas, y vaya aprendiendo diversos caminos para responderlas, porque como dice Olga Grau, las preguntas no se terminan nunca de responder y es obligación de la escuela que nuestras chicas y chicos aprendan esa frase tan importante, "el conocimiento no es finito", no cabe en un libro, unos apuntes o un examen. El conocimiento es infinito y cuanto más conocemos de algo más preguntas sabemos hacernos sobre ese algo.
Una compañera me comentaba:
.- "pero si van saliendo montones de cosas nuevas ¿Cuándo acabas un proyecto?" 
Efectivamente tienes que poner un final pero es interesante que el alumnado vea que allí no acaba todo, que les queda mucho camino por recorrer y que parte de ese camino ya pueden ir haciéndolo de forma independiente.
Enseñar a cuestionarse cosas, a formular hipótesis, a comprobar afirmaciones, a buscar lo que otras personas ya investigaron, a inventar modos de confirmar esas hipótesis..., eso es realmente lo que ayuda a convertir nuestras aulas en espacios de aprendizaje.
Y mezclado con todo eso la escucha activa, el permitir que lo que saben, les gusta, les preocupa entre en el aula y una evaluación que les tenga en cuenta, que nos de información sobre cómo ayudar a que sean mejores y no una evaluación que únicamente se preocupa de conseguir un número.
Enseñar a pensar significa que entren en nuestra aula cuestiones como entender que la democracia solo se aprende ejerciéndola en los diferentes ámbitos de la vida del centro.
También que dejemos espacios al debate y a la argumentación y a los diferentes modos de ver el mundo, con análisis críticos y reflexivos sobre el mundo que queremos construir.
Dejar entrar la actualidad en nuestras aulas y acercar a nuestro alumnado al mundo en el que viven dedicando tiempo también a hacerles partícipes de una sociedad de la que van a ser responsables en poco tiempo.
No olvidar que aunque no nos hayan dejado apenas espacio para el arte, este es un inmenso mundo para hacer una ciudadanía responsable y crítica y un modo de construir montones de aprendizajes de modo lúdico y permitiendo que la escuela sea un lugar feliz, que podemos hacer música y de paso trabajar coeducación e interculturalidad todo eso en la clase de lengua  donde también tiene cabida el cine, o porqué no, la escultura y que  también podemos trabajar con los mosaicos árabes en la hora de matemáticas o en la de ciencias sociales.
Enseñar a pensar en nuestras aulas no es algo que podamos hacer puntualmente, es algo que debemos hacer en todos los momentos de trabajo con nuestro alumnado, no debemos olvidar que la escuela es un reducido espacio educativo en sus vidas y que debemos aprovecharlo al máximo para darles herramientas para que sigan de forma autónoma el resto de sus vidas. Por eso es tan importante que al acabar la jornada nos preguntemos: De todo lo que he hecho hoy ¿Qué es lo que verdaderamente les ha aportado algo útil para desenvolverse en el mundo en el que les ha tocado vivir?
Es una pregunta dura si nos la contestamos con sinceridad, pero también la pregunta que nos va a ayudar a buscar procesos de cambio como docentes y a buscar personas que nos acompañen a emprender esos cambios.