martes, agosto 06, 2013

María

Siempre me gustaron especialmente los álamos y ahora cuando vuelva a verlos en primavera, brillantes aleteando sus nuevas hojas renacidas, sabré que estás con ellos.

Tal vez antes de ser mujer
fui árbol en algún bosque
y mis ramas crecían hacia el cielo
siempre intentado ver
el horizonte

y estuve allí por siglos
enraizada
aferrada a la tierra
bebiendo el cielo
habitada de pájaros y estrellas

Tal vez antes de ser mujer
disemine retoños
dejé semillas
y el viento fue mi amante
en los silencios
mi piel era corteza
mis colores símbolos
del transcurso del tiempo
en crecimiento

A veces pienso en ello
y el bosque
no es un lugar extraño

Tal vez antes de ser mujer
fui árbol en algún bosque
aún siento el latido de la tierra
en mis venas
y hay días que regresan los pájaros
y anidan
(Ana Mª Mayol)


He tenido que despedir a una amiga. Ha sido duro verla irse para siempre y ver a quienes se quedan rotos por el dolor más grande, con lágrimas o sin ellas, que su falta, es a veces el reflejo del desgarro más infinito.
No era su momento, no ahora, ni nunca, porque para algunas personas la palabra siempre también es corta.
Me gustaba su sonrisa, su humor sano, espontáneo, su inmensa humanidad, su altruismo, su darlo todo.
La quería muchísima gente, yo diría que era imposible conocerla y no quererla.
Con ella se ha ido una parte de mi juventud, de confidencias, de desahogos, de risas compartidas...
Y siento rabia, desconsuelo, impotencia..., y la impotencia me lleva a buscar en algún rincón un alivio, una venda para una herida que siempre va a permanecer abierta, porque es la única manera de no perderla del todo.
Y encuentro un bálsamo que no cura pero alivia y encuentro en la poesía un remedio que rocia mi alma de esperanza, por ella, por mí, por la humanidad que espera que de verdad le demos esa nueva raza soberbia.


Oí al árbol majestuoso cantar el poema de su muerte.
Los leñadores no lo oyeron, las casas del campamento no devolvieron su eco.
Los carreteros y cadeneros de fino oído, no lo oyeron, cuando los espíritus del bosque salieron de sus guaridas milenarias para cantar el estribillo.
Pero mi alma lo oyó claramente.
(...)
Se ha acabado nuestra vida, ha llegado nuestro fin.
Nosotros que llenamos pacíficamente nuestro tiempo;
con la satisfacción plácida de la Naturaleza, con un gozo inmenso y mudo, damos paso a aquellos por quienes trabajamos en el pasado, y les cedemos el campo.
Para ello, que fueron anunciados, para una raza más soberbia: ellos también llenarán magnificamente su tiempo. ¿A favor de ellos abdicamos, en ellos nosotros, oh, reyes del bosque!
(Walt Whitman)



3 comentarios:

SOFÍA dijo...

Un gran abrazo AMIGA

Anónimo dijo...

Que desolación deja la muerte.!!
Menos mal que siempre nos quedan las palabras que nos dan algo de consuelo y que nos permiten compartir el dolor, los recuerdos y además pueden servir de "homenaje"de despedida al ser querido

Carmen Pérez dijo...

AMIGA... Un beso y un largo abrazo.